Según los resultados del Índice del Progreso Social Regional del Perú 2026: El progreso social del Perú avanza apenas 0,2 puntos y revela una década de avances desiguales

  • El Índice de Progreso Social Regional del Perú 2026 muestra una mejora nacional limitada: el promedio asciende a 59,3 puntos, apenas 0,2 puntos más que en 2025. 
  • Educación, conectividad y algunos indicadores de salud muestran avances, mientras que nutrición, libertad de expresión, participación ciudadana y otros indicadores presentan retrocesos. 
  • Moquegua mantiene el primer lugar con 66,6 puntos y es la única región en el nivel “Medio Alto”. Les siguen Tacna (64,8) e Ica (62,9). Sin embargo, en la mayoría de las regiones las diferencias no son significativas, por lo que las posiciones en el ranking deben interpretarse con cautela.

El Índice de Progreso Social Regional del Perú (IPSRP) 2026, elaborado por Centrum PUCP, escuela de negocios de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), en alianza con el Social Progress Imperative con sede en Estados Unidos, muestra una mejora moderada frente a 2025. El promedio nacional alcanza los 59,3 puntos, apenas 0,2 puntos más que el año anterior. Los mayores avances anuales se observan en la asistencia a la educación y algunos resultados de salud, más la reducción de la violencia contra las mujeres; sin embargo, persisten retrocesos en nutrición, como el incremento de la obesidad, la reducción de la libertad de expresión, participación ciudadana y conectividad tradicional. 

Respecto a 2025, la asistencia a la educación superior aumenta de 80,8% a 84,1%, mientras que la proporción de personas que culminan sus estudios superiores pasa de 22,9% a 2,4% y la asistencia secundaria sube de 91,6% a 93,1%. La violencia contra las mujeres disminuye de 25,5% a 23,2%; y se reduce la percepción de inseguridad de 86,0% a 84,4%. Estos cambios muestran una mejora anual en educación, seguridad y convivencia, aunque no eliminan las brechas de calidad y acceso entre regiones.

La comparación anual también presenta señales favorables en salud infantil y materna: la enfermedad diarreica aguda en menores de cinco años disminuye de 11,9% a 10,1%, la anemia baja de 33,7% a 33,4% y la mortalidad materna pasa de 244 a 210 casos. Estas mejoras deben sostenerse con atención primaria, disponibilidad de medicamentos, seguimiento de tratamientos y capacidad efectiva de los servicios, porque una variación anual positiva no garantiza por sí sola una transformación permanente del bienestar.

Los retrocesos de 2026 frente a 2025 se concentran en el aumento de 8,6% a 12,1% de la desnutrición crónica; la obesidad sube de 25,7% a 27,2%; la población que percibe poco o ningún respeto por la libertad de expresión pasa de 76,3% a 78,8%. Acerca de la conectividad tradicional, los hogares con teléfono fijo pasan de 4,5% a 3,3% y los hogares con TV por cable de 21,7% a 20,1%, aunque estas últimas variaciones deben interpretarse considerando la sustitución tecnológica.

De otro lado, el análisis de la última década (2016-2026), basado en 49 indicadores comparables, revela un avance importante en el desarrollo de infraestructura de conectividad y acceso a los servicios de educación y saneamiento. Pero también en el estancamiento en indicadores de la salud, los derechos personales, la participación ciudadana y la migración de tecnologías tradicionales a modernas.

La asistencia secundaria creció de 82,4% a 93,1% y la asistencia a educación superior aumentó de 66,7% a 84,1%. De igual manera, la proporción de mujeres con educación superior es del 32,4% al 39,8%. Del mismo modo, los hogares que tienen servicio de internet pasaron de 26,4% a 58,9%. La amplitud territorial de estos avances, que alcanza a la mayoría o a la totalidad de las regiones, confirma que la conectividad y la educación son los principales motores del cambio social reciente.

“Los resultados de 2026 muestran una doble realidad. Por un lado, la conectividad y la educación están ampliando capacidades en prácticamente todo el territorio; por otro, los retrocesos en salud, como la atención efectiva, y las oportunidades revelan que el progreso todavía no es integral. La agenda debe pasar de ampliar cobertura a asegurar calidad, continuidad y uso efectivo de los servicios, con políticas diferenciadas para cada región”, señaló el profesor Ruben Guevara, director general de Centrum PUCP.

Resultados por Dimensiones

El Índice de Progreso Social tiene tres dimensiones. A continuación, muestran que cada una presenta una evolución distinta y requiere políticas específicas.

1. Necesidades Humanas Básicas

Esta dimensión alcanza un promedio nacional de 68,9 puntos. Callao (79,0) y Lima Metropolitana (78,8) ocupan los primeros lugares, seguidos por Tacna (78,4), Moquegua (77,5), Ica (75,3) y Tumbes (75,0). En la parte baja se ubican Huánuco (57.0), Madre de Dios (57,2), Loreto (57,3), Ucayali (58,1), Huancavelica (58,5) y Puno (58.8). La brecha entre territorios con mayor cobertura de servicios y regiones con dificultades de acceso físico, nutrición, salud, saneamiento y seguridad demuestra que la expansión de infraestructura debe acompañarse de personal, mantenimiento y capacidad resolutiva.

  1. Fundamentos del Bienestar

Esta dimensión registra 49,4 puntos y constituye el principal rezago nacional. Pasco lidera con 62,6 puntos, seguido por Cajamarca (59,2), Amazonas (58,8), Huancavelica (58,8) y Apurímac (56,7). En el extremo inferior aparecen Lima Metropolitana (41,6), Lima Provincias (44,8), Callao (44,9), Áncash (48,6) e Ica (49,3). El resultado evidencia que la cobertura material y la concentración económica no garantizan mejores resultados en conocimiento, salud, información y sostenibilidad ambiental.

  1. Oportunidades

Oportunidades alcanza 59,6 puntos. Moquegua lidera con 69,0 y es la única región en el nivel “Medio Alto”; Ayacucho (64,8) e Ica (64,2) completan las primeras posiciones, seguidas por Áncash (64,0), Apurímac (61,6) y Piura (60,5). Puno (50,7), Callao (53,1) y Madre de Dios (55,7) ocupan la parte baja. La dimensión muestra que los derechos personales, la libertad de elección, la tolerancia, la inclusión y la educación superior siguen distribuyéndose de manera desigual.

La persistencia de brechas en derechos, inclusión y educación superior funciona como un cuello de botella para la movilidad social. La mejora de oportunidades exige que las personas puedan ejercer efectivamente sus libertades, acceder a educación pertinente y participar en las decisiones que afectan su bienestar, especialmente en regiones amazónicas y altoandinas.

Los resultados advierten que el aumento del progreso social no será sostenible si la expansión de conectividad y educación no se acompaña de salud preventiva, servicios confiables, protección de derechos y oportunidades reales de participación. La política pública debe priorizar resultados y no únicamente cobertura formal.

Impulsores y detractores en una década de progresos desiguales (2016-2026)

El análisis de los 49 indicadores comparables entre 2016 y 2026 revela una transformación desigual. Los mayores impulsores son la conectividad rural y urbana, el acceso a la educación e incremento de la educación superior femenina, el saneamiento, y la reducción de la violencia contra las mujeres. En contraste, los principales detractores son el incremento de los problemas de salud crónicos, la obesidad, el empeoramiento de la libertad de expresión y la falta de oportunidades.

“La evidencia de la última década confirma que el crecimiento económico no puede confundirse con progreso social. La conectividad y la educación han ampliado capacidades, pero los retrocesos en salud, derechos y formalización muestran que todavía existen restricciones profundas para que esas capacidades se conviertan en bienestar. El reto es sostener los motores y atender a los detractores con políticas territoriales, preventivas y medibles”, acotó el profesor Ruben Guevara.

“La agenda de los próximos años debe concentrarse en convertir cobertura en calidad. Esto implica garantizar conectividad asequible y útil, asegurar la permanencia educativa, fortalecer la atención primaria, prevenir la obesidad y las enfermedades crónicas, proteger las libertades, ampliar la participación ciudadana. Solo con instituciones capaces de sostener estos resultados el progreso social podrá ser compartido por todas las regiones”, añadió.

Sobre el Índice de Progreso Social Regional del Perú (IPSRP)

El Índice de Progreso Social Regional del Perú (IPSRP) forma parte de las investigaciones desarrolladas por Centrum PUCP para evaluar la situación del progreso social en el país. Su objetivo es ofrecer evidencia confiable sobre los factores que determinan la calidad de vida y orientar decisiones públicas y privadas con una perspectiva regional.

La edición 2026 se construye sobre 49 indicadores sociales y ambientales, organizados en tres dimensiones: (a) Necesidades Básicas Humanas, (b) Fundamentos del Bienestar y (c) Oportunidades. Para la evaluación de la tendencia 2016–2026 se utilizaron los 49 indicadores con observaciones comparables en ambos años y se consideraron 26 regiones, incluyendo Lima Metropolitana, Lima Provincias y el Callao.

El IPSRP permite identificar brechas, avances y retrocesos en salud, educación, servicios básicos, conectividad, seguridad, derechos, inclusión y oportunidades. Sus resultados orientan la formulación de programas, proyectos e inversiones públicas, así como la implementación de políticas privadas y sociales más pertinentes para cada territorio.

De este modo, el IPSRP cumple un rol estratégico al promover acciones orientadas a incrementar el progreso social en las 26 regiones del país. La información permite distinguir entre mejoras coyunturales y transformaciones acumuladas, y ayuda a diseñar intervenciones que respondan a las necesidades reales de la población.

Finalmente, Centrum PUCP reafirma su compromiso con el Perú y con la generación de evidencia rigurosa para promover un desarrollo más inclusivo, sostenible y centrado en las personas.